viernes, 8 de marzo de 2013

Sin cinturones ni salidas de emergencia


Ella,  miraba asustada por la ventana, no entendía el porqué de tantas teorías inciertas de tantos problemas inacabados y demás quebraderos de cabeza que últimamente se habían puesto de acuerdo para quedar en su cabeza, a la hora de dormir.

El, evadido de la realidad por el efecto de un par de cigarrillos mal hechos con prisa y poco cargados, tecleaba en el teléfono palabras que nunca llegarían a ser enviadas.

En la ciudad, la lluvia de Enero cubría las calles y solo algunas personas caminaban deprisa.

La prisa no existía para ella, hacía tiempo que su vida se había envuelto en una rutina de la cual aspiraba salir cuando el frió de las mañanas la diera la señal exacta.

El, en cambio, amaba el frió  y aquellas mañanas frías y solitarias en las que solo un café acababa con su repetida ansiedad.

 Ella que nunca fue de infinitos  esta vez soñaba con eternidades, soñaba con poemas inalcanzables y acordes imposibles.

El pensaba en el futuro, en las casualidades, en los kilómetros y en ella

Once, Doce, Una . . .En una palabra … Tortura…

Para ella, la noche, era una lucha porque su sueño era  despertar del ensueño que un día creo mientras soñaba

Para él,  el día era su peor enemigo, cuando en cada calle, avenida, edificio, recordaba sus besos su colonia su risa, su mirada.

Ella tan NOCHE y el tan DÍA


Dos personas, un día, una hora  un mismo AMOR, un mismo ORGULLO, una misma EQUIVOCACIÓN.



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