Ella, miraba asustada
por la ventana, no entendía el porqué de tantas teorías inciertas de tantos
problemas inacabados y demás quebraderos de cabeza que últimamente se habían puesto
de acuerdo para quedar en su cabeza, a la hora de dormir.
El, evadido de la realidad por el efecto de un par de cigarrillos
mal hechos con prisa y poco cargados, tecleaba en el teléfono palabras que
nunca llegarían a ser enviadas.
En la ciudad, la lluvia de Enero cubría las calles y solo
algunas personas caminaban deprisa.
La prisa no existía para ella, hacía tiempo que su vida se había
envuelto en una rutina de la cual aspiraba salir cuando el frió de las mañanas
la diera la señal exacta.
El, en cambio, amaba el frió y aquellas mañanas frías y
solitarias en las que solo un café acababa con su repetida ansiedad.
Ella que nunca fue de infinitos esta vez soñaba con eternidades, soñaba con
poemas inalcanzables y acordes imposibles.
El pensaba en el futuro, en las casualidades, en los kilómetros
y en ella
Once, Doce, Una . . .En una palabra … Tortura…
Para ella, la noche, era una lucha porque su sueño era despertar del ensueño que un día creo
mientras soñaba
Para él, el día era
su peor enemigo, cuando en cada calle, avenida, edificio, recordaba sus besos
su colonia su risa, su mirada.
Ella tan NOCHE y el tan DÍA
Dos personas, un día, una hora un mismo AMOR, un mismo ORGULLO, una misma EQUIVOCACIÓN.

No hay comentarios:
Publicar un comentario